domingo, 30 de abril de 2017

¿Te atreves?

Eso es.
Detecto a partes iguales ilusión y miedo ante un cambio en el sistema educativo.
La ilusión es fácil de detectar porque se ve en el brillo de la mirada.
Cuando conectas con alguien con quien compartes manera de pensar, hay una chispa que se enciende sola. Y ese momento es emocionante. Llamadme moñas, pero para mí lo es. Encontrar a una persona en tu entorno profesional con tus mismas ilusiones, con las mismas ganas de atreverse a cambiar lo establecido, con el sueño de romper con las metodologías anquilosadas, sin ansias de ningún tipo ni más ambición que la de hacer las cosas bien para seguir creciendo personalmente... Es un regalo.
Pero igual que se detecta la ilusión, se ve venir de lejos el miedo. Y si no el miedo, aun peor, la comodidad, el amor por lo rutinario, la soberbia del no querer probar algo nuevo porque "esto me lleva funcionando así toda la vida y seguro que es mejor que las moderneces que nos quieren vender".
Si la humanidad siempre hubiera tenido ese pensamiento de no probar o no intentar por miedo a lo desconocido, seguiríamos viviendo en cuevas y comiendo carne y bayas crudas por no tener fuego con que cocinarlas, las mujeres no llevaríamos pantalones pero sí corsé (y no sólo de tela), y la gente de bonita piel color chocolate seguiría sirviendo a los de piel de color más claro porque en algún momento de la historia nos creímos superiores.
En educación pasa como en la vida. Porque la educación es vida, es base, es cambio, es movimiento. Si me quedo quieto mientras el mundo gira, las sinergias acaban chocando, yo contra el mundo, y el choque resulta en fracaso.
Innovar no es ofender, como lo de preguntar. Innovar es progresar. Innovar es caerse porque no funciona, reconocerlo, levantarse del batacazo y seguir dándole vueltas hasta que sale. Innovar es aceptar que se puede enseñar desde el asombro, que los niños tienen mucho que aportarnos a nosotros sin que eso signifique que los límites no existan. Que llegados a este punto, hay quien se marea y te imagina en clase, disfrazado de Fraggle Rock y permitiendo que cada uno haga lo que le salga de la oreja, mientras tú animas y sonríes mientras pintas una pancarta que dice "Viva la anarquía".
Pues no. Innovar es aceptar que se aprende más y mejor cuando hay ilusión de por medio, cuando los negativos no caben en la clase porque aprender desde la amenaza es aprender para olvidar, cuando se da voz al pensamiento y la emoción de un pequeño porque aprender desde ese lado les hace conectar de verdad y aprender de corazón, que no de memoria. Innovar es conseguir que quieran saberse las tablas de multiplicar, porque es divertido poder calcular cuántas galletas hay en la despensa de casa, porque sé multiplicar cajas por galletas y no he de contar una a una, o saber cuántos globos de cada color hay en una fiesta de cumpleaños y cuántos quedarán cuando explotemos algunos. Innovar es lograr que sepan identificar elementos del paisaje de interior y de costa, no porque aprendan las definiciones como loros, sino porque van de excursión y lo ven in situ, porque la excursión la haces tú y les muestras vídeos donde les explicas, porque de manera voluntaria hacen maquetas que sus compañeros pueden tocar y con las que perciben esos elementos del paisaje en tres dimensiones.
INNOVAR ES ACEPTAR QUE NUESTROS HIJOS Y ALUMNOS ESTÁN PREPARADOS PARA SEGUIR APRENDIENDO AUNQUE NO HAGAN UN CARRO DE DEBERES CADA DÍA.
INNOVAR ES ACEPTAR QUE NUESTROS HIJOS Y ALUMNOS ALCANZARÁN LOS OBJETIVOS DEL NUEVO CURSO SI SE RESPETAN SUS RITMOS Y LA HETEROGENEIDAD SE VE COMO UN ASPECTO POSITIVO Y NO COMO UNA AMENAZA.
Innovar es estar a su lado y entender que, si no creemos en ellos y en sus capacidades de manera sincera, sin que eso signifique que tengan que sacar determinada nota, no llegarán al máximo de sus posibilidades. Que por cierto... son diferentes en cada niño y niña, como diferentes son sus huellas dactilares, sus sueños y sus circunstancias.

INNOVAR ES... VIVIR CON ILUSIÓN, A PESAR DEL MIEDO. 

¿Te atreves?😉

Noni Medina Ibáñez.
Maestra de inglés y primaria.

domingo, 26 de marzo de 2017

Todos los alumnos son capaces de cosas increíbles

Un alumno motivado es capaz de hacer cosas increíbles. 
Un alumno al que se le respeta su ritmo madurativo y de aprendizaje, mientras que se le da alas para volar sobre el "paisaje" que más le gusta, es capaz de hacer cosas increíbles.
Un alumno en el que se cree y que siente que su maestro confía en sus posibilidades, sin compararlo con el resto de compañeros, es capaz de cosas increíbles.
Un alumno que se siente respetado, y escuchado, es capaz de cosas increíbles.
Un alumno que se da cuenta de que aprender no es memorizar sino descubrir y poder investigar, es capaz de cosas increíbles.
Un alumno que retiene información porque la entiende y sabe para qué sirve lo que aprende, y no porque la memoriza sin más, es capaz de cosas increíbles.
Un alumno que va feliz a la escuela porque se siente seguro y apoyado en clase, es capaz de cosas increíbles.
Un alumno que aprende que las individualidades aportan mucho menos que la cooperación y el aprendizaje en equipo es capaz de cosas increíbles.
Un alumno al que cada nuevo contenido se le plantea como un reto lleno de posibilidades divertidas, es capaz de cosas increíbles.

Porque un alumno que vive el aprendizaje como un mundo lleno de posibilidades y de información significativa, que se siente respetado, tenido en cuenta, consultado y escuchado, será una personita que querrá saber más, investigar, aportar, nutrirse y nutrir a sus iguales, crear, superarse y, en definitiva, disfrutar con lo que hace en clase extrapolándolo de manera voluntaria y libre a su hogar.
Cuando creemos en nuestros alumnos y les damos la libertad de volar y extender sus alas al ritmo que necesitan, cuando les hacemos saber que nos sorprenden, nos enseñan y nos aportan tanto o más de lo que nosotros podemos sorprenderles, enseñarles o aportarles... Sucede la magia de la MOTIVACIÓN. Que es la clave de todo, y que hace que ocurran... ¡COSAS INCREÍBLES!

Yo soy una de esas maestras afortunadas a las que sus alumnos no dejan de sorprender a diario. Una de esas maestras a las que les faltan horas para poder disfrutar de todas las aportaciones que sus alumnos hacen porque sí, porque quieren aprender y porque son felices superándose a sí mismos y compartiendo lo que descubren y hacen.
Soy de esas maestras que tienen el mal vicio de creer en todos y cada uno de sus alumnos y pensar que sus diferencias son enriquecedoras, no trabas o piedras en el camino. Soy de las que creen en la magia de la motivación como base de cualquier aprendizaje.

Y para muestra de lo que la motivación es capaz de lograr en alumnos de segundo de primaria... Un botón. 
(O mejor, unos cuantos). 😉













Noni Medina Ibáñez. English Teacher.

sábado, 11 de febrero de 2017

ADULTOS 1 - CREATIVIDAD 0

Los adultos somos un rollo. Nuestro mundo de mayores gira tanto en torno a "cómo deben ser las cosas" que nos olvidamos de "cómo son", y convertimos hasta lo más sencillo en una gran dificultad.
Cuando somos niños, la naturalidad y la espontaneidad de nuestros actos prevalecen sobre lo postizo, lo preestablecido, lo correcto, lo que se espera y lo que se "tiene que". Sin que ésto signifique que haya que olvidar los límites que enseñan dónde empieza el mal y, por tanto, acaba el bien. No voy por ahí, no empecemos a mezclar churras con merinas.
Cuando somos adultos, nos molesta la naturalidad, nos ceñimos a un esquema, olvidamos que soñar es buena parte de lo que nos mantiene con vida, parece que tenemos miedo a sentir cuando algo o alguien nos provoca una reacción que no está dentro de nuestro plan, la espontaneidad propia o ajena nos hace sentir ridículos y la creatividad nos la guardamos para, como mucho, cocinar el fin de semana, y si hay visitas.
Como padres, vivimos inmersos en la vorágine de las prisas, del "ahora no / date prisa / otro día / llegamos tarde" porque nuestra rutina trabajo-casa-trabajo-casa nos permite, por desgracia, poco margen de error. Si además, a eso algunos le suman que el poco tiempo que les queda están tan cansados que no tienen ganas de estar (y ser) con sus hijos, pues bueno, el resultado es un cóctel molotov bastante desesperanzador.
Como MAESTROS... Hay tanto por hacer, tanto por recuperar, tanto por cambiar, que me rompo un poquito cada vez que lo veo en mi día a día y lo pienso. La enseñanza actual se ha contagiado irremediablemente del mundo adulto, ha copiado la manera de pensar y actuar de los mayores, ha dejado de lado la base de la infancia y las necesidades de la misma, y ha roto el eslabón que unía las palabras ESCUELA y PASIÓN.
Cuando nos apasionamos por algo, o por alguien, vivimos por y para ese algo o ese alguien. Sin pasión es difícil que haya ilusión. Y sin ilusión no hay motivación, ni interés. Sin interés, las ganas de aprender brillan por su ausencia y el aburrimiento y la desidia aparecen para quedarse.
Ésa es la base actual de nuestro sistema educativo: el aburrimiento por la falta de interés debido a la ausencia de motivación. Ya no sabemos ilusionar. Nos hemos cerrado en banda a la magia de una cualidad que es innata en los niños y que, una vez hace mucho tiempo, también fue nuestra: LA CREATIVIDAD.
Nos da miedo que los alumnos dejen volar su imaginación porque, si esto ocurre, perdemos el hilo de la lección, dejamos alguna página del libro sin hacer y, entonces, no estamos cumpliendo con el currículo que tanto nos ata, ¡sacrilegio! Además, vivimos convencidos de que, si permitimos que la imaginación entre por la ventana de clase, desplazará al aprendizaje, como si ambos no pudieran convivir en un mismo espacio. Nos estamos olvidando de que es justo cuando dejamos que su imaginación entre en juego, cuando están más abiertos a aprender porque se ilusionan, porque sueñan, porque piensan, porque se hacen preguntas, porque se plantean hipótesis, porque la confianza en sus propias posibilidades aumenta, ya que se ven al mismo nivel que el adulto que tienen delante: se ven capaces de discurrir, de ir más allá, de dar soluciones, de plantear preguntas y de dar alternativas.
Cuando somos capaces de abrir la puerta de nuestra aula a la CREATIVIDAD... Ocurre la magia. Y es tan fácil hacerlo, pero tan, tan fácil. Sólo tenemos que apasionarnos por cada concepto nuevo que vamos a enseñar, como cuando éramos niños, y dejarnos contagiar por sus miradas expectantes, permitirnos dejar a un lado la página 85 del libro y salir al patio a dar la clase porque hablar de bichos encerrados en el aula no tiene mucho sentido. Hablarles de lo divertida que es la resta con llevadas porque, de verdad, así lo creemos, y plantearles la operación como lo más emocionante que hemos visto hasta ahora en matemáticas. Sugerirles que investiguen sobre las plantas o el agua, que hagan experimentos y nos los enseñen. Invitarles a que traigan a clase experiencias que quieran compartir con los compañeros. Leerles una novela por capítulos, con tanta pasión que sean ellos quienes pidan más y se enfaden cuando cierras el libro; y leerles esa historia con tanta emoción y misterio que, sin darse cuenta, acaben tan metidos en ella que necesiten saber el significado de esas palabrejas largas que lees y pregunten espontáneamente qué quieren decir.
Vivimos tan equivocados en el sistema educativo actual. Tenemos tanto miedo a la falta de tiempo, a no terminar los libros, a no crear un hábito... Que olvidamos que, cuando la CREATIVIDAD entra, trae consigo a la ilusión, y ésta a la motivación, que lleva siempre de la mano al interés, que lo es todo y que hace posible todo: el tiempo, trabajar con y sin libros y despertar la curiosidad como para que sean ellos mismos quienes creen hábito de trabajo porque quieran, y necesiten, saber más. Olvidamos que cuando el INTERÉS se sienta con nosotros a dar clase hace trucos fantásticos con los que duplicar el tiempo, que permiten que una hora tediosa cara al libro se convierta en una hora en la que nos dé tiempo a alucinar con algo, sorprendernos, pensar, planear nuevas experiencias y coger los problemas, las operaciones o los ejercicios de ortografía con muchísimas más ganas que si lo hacemos así sin más, porque ahora tienen sentido, porque estamos tan abiertos a aprender y a disfrutar y nos vemos tan capaces de hacerlo que lo difícil es que no nos apetezca.
Y sí, da tiempo. Da tiempo a todo. Los minutos se estiran como un chicle cuando vivimos el aprendizaje de manera ilusionante y apasionada. Cuando creemos en su capacidad creativa, cuando dejamos que se emocionen, cuando les ponemos música y los invitamos a cantar o a bailar porque necesitamos sonrisas para empezar la explicación de algo complicado. Cuando somos lo suficientemente humildes para mostrarles nuestros propios errores y reconocer que nosotros también aprendemos de ellos. Cuando, en definitiva, nuestro currículo particular se basa en la NATURALIDAD y la ESPONTANEIDAD.
Ojalá, en un futuro que roza el presente, seamos capaces de remontar y dar la vuelta al marcador:

ADULTOS 0 - CREATIVIDAD 1

En la escuela, en las familias y en todos aquellos ambientes y procesos en los que nos falta corazón y nos sobra lo demás.

Como regalazo, con corazón, os dejo el enlace a un corto al que no le sobra ninguno de sus 6 minutos. Tiene un mensaje tan "urgente" como bonito, para maestros y para familias. Un mensaje en torno a nuestra realidad y al peligro que corre nuestra pasión por las pequeñas delicias del día a día.

ALIKE

Feliz sábado lleno de minutos para apasionarse con los pequeños detalles.