TICHININGLISH empezó siendo un blog donde compartir maneras de enseñar inglés como lengua extranjera. Hoy se ha convertido en un espacio donde tiene cabida todo aquello relativo al proceso de enseñanza-aprendizaje y el mundo educativo en general. Bienvenidos a la profesión más bonita del mundo.
domingo, 26 de marzo de 2017
Todos los alumnos son capaces de cosas increíbles
domingo, 27 de noviembre de 2016
Felicidades a todos los docentes que enseñan con el corazón

Feliz día a todos los docentes que sonríen cuando piensan en su suerte de trabajo.
miércoles, 5 de octubre de 2016
Docentes decentes
Hoy es el día mundial del maestro. Yo aprovecho para felicitar a mis compañer@s y amig@s, pero sólo a aquellos que, inmersos en esta bonita profesión, se dejan el alma en ella a diario. Porque, como en todas partes, también están los que escogieron magisterio por las famosas vacaciones, porque no sabían qué otra cosa hacer o, quizás, no tenían nota para algo "más".
Pero, ¿sabéis qué? Así a grosso modo, la mayoría de maestr@s a l@s que hoy felicitaría son bellísimas personas y mejores profesionales. Sin embargo, entiendo que soy yo la que anda despistada o la que se ha perdido algo cuando, en las redes sociales, hoy leo por todas partes que los docentes somos poco más que escoria, porque además de no tener ni idea de lo que hacemos ni cómo, nos encanta eso de lamentar nuestra suerte por lo mal considerados que estamos.
De verdad, ¿no se cansa la gente de tanto juicio barato y rápido? ¿La moda "contra docentes" no ha caducado ya para dar paso a la moda "contra bomberos toreros"?
Lo que más me gusta de todos los comentarios y críticas cero constructivas que voy encontrándome, a modo de felicitación, es la ligereza con la que las personas que los emiten, 99% no metidas de manera profesional en este mundillo de mierda y de vacaciones eternas, y el amplio conocimiento que demuestran sobre el funcionamiento de una escuela, la realidad actual educativa y ese largo etcétera sobre el que no aprenderán de verdad jamás porque hace tiempo que decidieron cerrar oídos y ojos y abrir mucho la boca.
Igual a mí me han educado diferente, debe ser eso. Pero se da el caso de que me enseñaron a luchar por lo justo y a reclamar lo mío desde el respeto. Vamos, que para tener razón no me debía hacer falta recurrir al insulto, ni a la infra valoración o al menosprecio. Es por eso que cuando tenga que opinar de un profesional en concreto que me parece nefasto en su sector por algo que me atañe a mí personalmente, o a uno de los míos, no me (perdonad mil veces la expresión soez) "cagaré en los muertos" de todos los de su gremio, básicamente porque mi inteligencia (incluida la emocional, que la tengo a pesar de ser maestra) me permitirá distinguir ese garbanzo podrido de entre todo el montón que no lo están.
Si yo voy al médico, no intento darle lecciones de diagnósticos porque, por mucho que mi padre fuera doctor, me sepa parte del vademécum y le tradujese textos médicos desde mi más tierna adolescencia... no, no soy médico, porque ni he estudiado para ello ni ejerzo como tal.
Si voy a la peluquería, no pretendo saber más que mi peluquera porque leer muchas revistas de estilo capilar, y sacarme imágenes de famosas de Instagram para copiar sus melenazas, no me hace docta en la materia. Vamos, que no tengo ni puñetera idea de tintes, proporciones y manejo de tijeras.
Y así podría seguir hasta el infinito...
Entonces, yo me pregunto... ¿POR QUÉ ESTA GENTE, CON HIJOS EN EDAD ESCOLAR O NO, PIENSAN QUE SABEN MÁS QUE LOS MAESTROS Y MAESTRAS DE SUS HIJ@S O DE L@S HIJ@S DE SUS AMIG@S? ¿Por qué han leído artículos sobre educación en google? ¿Por qué han visto algún vídeo en facebook? ¿Por qué tienen mucho tiempo libre (porque a mí no me da la vida para tanto, vamos, pero será mala gestión, ya que soy maestra y vivo del cuento, de quejarme y de vacaciones permanentes)? ¿O es quizás una falta tremenda de confianza o una ínfima tolerancia al error del de enfrente?
Si es por esto último, la solución es bien fácil: cambio. De toda la vida, vamos. A mí no me gusta mi peluquero porque un buen día me deja el pelo parecido al de Eduardo Manostijeras, y al siguiente aún peor, pues yo no vuelvo. Si tengo la mala suerte de acudir a un médico que equivoca más de una vez su diagnóstico o cuyo trato no me parece el correcto, cambio. Si la carnicera a la que voy me vende mal género o, simplemente, no coincide conmigo en la definición del término "calidad"... me voy a otra carnicería. Pero no por todo esto voy a despotricar de todo el resto del sector, porque seguro que los hay decentes y buenos, muy buenos.
Así que no, no se trata ni de victimismos, ni de gusto por las quejas ni de nada vinculado al género teatral del drama. Se llama cansancio y tristeza.
Cansancio y tristeza porque yo conozco muchos docentes que trabajan ideando clases con el corazón, que pasan horas planeando nuevas formas de enseñar para evitar el aburrimiento, la monotonía y el sin sentido de repetir como un loro. Docentes que creen que a leer se aprende leyendo por placer y no por obligación, y que a sumar se aprende coleccionando zomblings, pokemons o magikis. Docentes que lo que quieren que sus alumnos aprendan primero es a vivir y dejar vivir, a respetarse y valorarse a sí mismos para luego poder respetar y valorar a los demás. Docentes que creen que sus alumnos necesitan jugar, divertirse y ser felices y que, como consecuencia de todo esto, aprenderán con mucho más éxito que si se les impone sin interesarse por sus gustos o sus preocupaciones. Docentes que dejan el libro a parte cuando toca hablar de muerte porque un alumno ha preguntado por ello, que dejan el libro a parte cuando la atención se está yendo de viaje y salen al recreo para cambiar de aires y seguir la clase allí, que dejan el libro a parte porque son conscientes de que se aprende mucho más vivenciando que memorizando.
Yo conozco DOCENTES DECENTES, con todo lo bonito que estas dos palabras conllevan. Y, además, puedo decir sin miedo, sin vergüenza y olvidando las falsas modestias, que yo soy una de ellas, y que me equivoco cada día, que aprendo a diario de mis errores y, sobre todo, de mis alumnos. Y... ¡que adoro mi profesión! Porque, con sus días mejores y sus días peores como en todas, es la única que está llena de sonrisas cómplices a cada minuto, de abrazos espontáneos y de dibujos dedicados con infinitas frases bonitas. Y todo esto a pesar de los adultos y su aburrido mundo de críticas, juicios y ganas de bronca.
¡FELIZ DÍA DEL DOCENTE A TOD@S L@S MAESTR@S DE CORAZÓN! 😊💗😘
jueves, 16 de junio de 2016
No hay mal que cien años dure
No hay mal que cien años dure ni metodología que funcione siempre. Y aunque suene demasiado "sentando cátedra" es lo que firmemente creo.
No hay metodología que funcione eternamente porque trabajamos con personitas, con sus sentimientos, su propia composición del mundo, sus días buenos y sus días grises.
Sin embargo, hay algo que siempre funciona: creerse lo que uno enseña, amar lo que uno hace. Porque cuando disfrutas en tus horas de trabajo y te crees de verdad que lo que enseñas es lo mejor que puede pasarle a esos niños durante el ratito que están delante de ti... es prácticamente imposible no contagiarles el entusiasmo por lo tuyo.
Llega el final de curso y es inevitable echar la vista atrás y pensar, primero y para variar, "qué rápido ha pasado el año", y segundo, "I really had great fun!". Porque así ha sido, he disfrutado como una enana, me lo he pasado en grande iniciando proyectos, inventando nuevas maneras de acercar a mis alumnos al inglés, viéndoles aprender con entusiasmo y proponiendo ideas sin miedo y con mucha ilusión. He acabado agotada, como hacía tiempo que no lo estaba (sí, la edad también va haciendo de las suyas pero esto es un secreto), porque inventar nuevas maneras de llegar y motivar es enriquecedor pero agota al extremo. Pero al final de la carrera, ha valido tanto la pena que el cansancio es hasta satisfactorio.
¿Qué metodología he seguido este curso para conseguir que mis alumnos hayan aprendido disfrutando de verdad? Pues sinceramente, una no muy diferente a la de años anteriores pero con algún añadido que me ha hecho salirme todo el tiempo de los libros. Una basada en el alumno, pero de verdad, en sus intereses. Una que me permite enseñar aprendiendo. Una que acepta sugerencias de mis alumnos y cambia lo programado por sus ideas, sin cambiar lo que tengo que enseñar. Una que deja de lado exámenes tipo y abre puertas a otro tipo de maneras de evaluar sin que ellos sientan la presión de "es un examen", aun cuando son pruebas igual de exigentes. Una que los ha dejado libres para planificar sus trabajos, libres para organizar sus tareas, libres para decidir cómo hacer las cosas. Una que ha sentido el inglés como una lengua viva y útil y no como una asignatura. Una que ha dado paso al uso real de la lengua planteando actividades en las que había que hablar sí o sí, pero de manera natural, de lo que a ellos les interesaba. Una que les ha permitido hacerse expertos en el animal que más les gusta, o su transporte preferido, o los ha convertido en actores, porque para todo lo demás ya está google. Una basada en mi propio amor por el inglés, mis ganas de enseñar, mis ganas de aprender a raíz de sus ideas, mis ganas de dejarme convencer por sus propuestas de niños que nada tienen que ver a veces con las nuestras. Una basada en la intención de contagiar mi ilusión por lo que hago, convirtiéndome en guionista y directora de teatro, en bióloga o en experta en transportes de todo tipo para poder guiarlos.
No hay mal que cien años dure ni metodología infalible, pero lo que no falla jamás es recordar que las personitas que tenemos delante son, todas y cada una de ellas, un mundo lleno de posibilidades del que podemos aprender tanto o más de lo que pretendemos enseñarles.
Y dicho esto... ¡Feliz fin de curso a todo el mundo!
😉👏😉
martes, 24 de mayo de 2016
Hoy estás muy guapa
Siempre he dicho que mi profesión es la más bonita del mundo. Aunque haya días en los que te llevas a casa cargas emocionales que no te corresponden, bien por algún alumno, bien por alguna familia, o incluso por el desencuentro que haya podido tener algún compañero. A pesar de todo, el día a día en el aula, compensa.
El trabajo dentro de un aula no conlleva sólo el impartir ciertos contenidos con más o menos gracia, en absoluto. El primer trabajo en el aula es el de conseguir que mis alumnos quieran aprender, que quieran que llegue "mi hora", que se sientan felices conmigo, a pesar de que haya límites y normas, y aunque al final del camino, la razón verdadera por la que estén en mi aula (o yo en la suya) sea porque les he de enseñar unos contenidos y conseguir que, cada uno a su manera, los aprendan.
Para ser maestra necesito ejercer de ilusionista cada comienzo de unidad. Al menos así lo veo yo. Necesito sentir que mis alumnos se enganchan desde el comienzo porque les he contado lo que vamos a hacer, cómo y qué habrán aprendido al final de la jugada y les resulta increíble imaginar que la meta sea ésa y se llegue así.
Considero que lo más bonito del final de una clase es el momento en que dices "The class is over! We've finished! Clean up!" y espontáneamente los oyes quejarse: "¿ya? ¿tan poco? Noooo!..." En ese mismo instante engordo unos cuantos kilos de pura satisfacción. He conseguido mi objetivo (no, no era engordar): que quieran aprender, que les guste aprender, que quieran seguir, que se hayan enganchado, y que encima lo expresen tan abiertamente.
Insisto, hay momentos difíciles, durillos, cansados, como en toda profesión. Y no somos de piedra, al menos no yo. Hay situaciones que nos afectan, días en que estamos más acertados y días en los que lo mejor habría sido quedarnos en la cama y taparnos hasta arriba y no salir hasta el día siguiente. Pero luego ocurre que entras de buena mañana con ellos en el aula y, antes de empezar, se te acerca uno de tus alumnos y te regala un: "Noni, gràcies per fer les classes tan xulis!", o una de las peques de cuatro años, mientras llevas la fila, te dice: "Noni, hoy estás muy guapa". Y a ella se le une otra que lo repite, y a continuación el más espabilado aclara: "No, estás guapa siempre". Y tú mueres de amor. Porque te lo dicen hoy, justo hoy, que has ido a clase con dos horas dormidas en el cuerpo, que te has puesto tres kilos de corrector y aún así pareces la viva imagen de un walking dead. Pero ellos eso no lo saben. Ellos sólo han visto que, a pesar del dolor enorme de cabeza, a pesar de haber tenido que enfadarte con el que ha pegado al compañero sin motivo, no has dejado de sonreír. El día pasa y llega la tarde, y cuando el último grupito de niños está entrando en su aula, justo antes de que te vayas, una de ellas, la más pequeña, se acerca y te pregunta bajito: "¿te puedo dar un besito?", y cuando te agachas a su altura y le dices: "of course you can, sweetie" mientras le pones la mejilla, te dice: "te quiero mucho". Y al rato, al salir a la puerta, te encuentras de manera casual con una mamá que no suele venir al cole a recoger a su hijo porque va en autobús, y a la que le falta tiempo para saludarte y agradecerte la manera en que te has saltado la clase tradicional durante este año, y para pedirte que no cambies eso porque tienes a los alumnos enganchados, motivados, aprendiendo mucho pero, sobre todo, queriendo aprender. Y entonces, por un momento, olvidas absolutamente todo lo ajeno a la escuela, tu falta de sueño, tu dolor de cabeza, la ausencia de ese ser querido, y vuelves a darte cuenta de que, a pesar de los momentos duros, las constantes críticas de la sociedad, la "opinología" general que suele ser bastante negativa cuando habla de los maestros, ya que todo el mundo sabe más que nosotros de metodología, empatía, enseñanza, técnicas y educación... Lo olvidas todo y vuelves a decirte para ti: "Mi profesión es la más bonita del mundo". Porque MIENTRAS HAYA UN SOLO NIÑO O UNA SOLA MADRE QUE CREAN EN MÍ, SERÁ SEÑAL DE QUE AÚN TENGO EL PODER DE ILUSIONAR.
Y por cierto, vosotros también estabais muy guapos hoy. No... vosotros estáis guapos siempre. 😉









